lunes, 6 de septiembre de 2010

El renacer de un símbolo


Lo supe por la edición digital del periódico Ideal. "Cae el símbolo del Motril sin turismo"; así tituló mi admirado Fermín Anguita la noticia que daba debida cuenta sobre el desmantelamiento de la que antaño fuese una refinería de aceite situada en el recinto portuario motrileño. Aquellos, que de una forma u otra, fuimos parte de esa industria, en mi caso por tener familiares que en su día fueron trabajadores de la misma echaremos de menos lo que significó para nosotros. Para aquellos, que de una forma u otra, nunca la vieron con buenos ojos supondrá el triunfo de la estulticia y pasividad de la idiosincrasia motrileña. Efectivamente es un símbolo y lo seguirá siendo por muchos años y por mas que se borre su rastro. Será el triunfo de la nada sobre las posibilidades que Motril tuvo en la década de los sesenta de convertirse en una zona industrial o en un área turística. Pero he aquí que mas allá de ser un símbolo en vías de extinción basta con mirar a los alrededores de la misma para saber el verdadero significado de estas ruinas.

Monos de trabajo o biquinis era la tesitura sobre la que los motrileños tuvieron que decidir y a resultas de la situación actual es evidente que no supimos escoger ni una cosa ni otra. A la tan denostada fábrica se le achacaban toda clase de males en cuanto a vertidos y el motrileño, en un alarde de inteligencia huera, en vez de pedir un mayor control sobre los vertidos reivindicaba para si la eliminación radical de esta empresa con la esperanza de que algún Alberto de Hohenlohe o algún José Banús hicieran de esta ciudad la Marbella granadina.




Es un símbolo, si, de lo que pudo ser y no fue; una zona industrial pujante con el peso suficiente como para que los políticos nos hubiesen tomado en serio al ver como estas supondrían el verdadero motivo para haber hecho de las autovías una necesidad imperiosa para la economía comarcal. Es un símbolo como lo es la primera línea de playa que sobre los aledaños de esta se yergue con diseño y aspecto mas propio de un barrio marginal que de una zona turística. Es el símbolo que nos hace ver que a pesar de llevar muchos años sin actividad la suciedad de nuestras playas era producto, no solo de esta fábrica, sino del conformismo e ineptitud de una clase política que año tras año se nos deniega, con toda la razón del mundo, las famosas banderas azules sobre nuestras playas.

No quisimos industrias y a cambio obtuvimos nada. Queríamos turismo de calidad o simplemente turismo y a cambio no tenemos nada digno de lo que sentirnos orgullosos. Puestos a elegir entre fabricas y la nada me quedo con las fábricas.

No, no ha caído el símbolo. Cada trocito de fabrica que se desmantele será el culmen de la simbología motrileña.