lunes, 21 de diciembre de 2009

De la dignidad y su precio.

Siempre he mantenido que las cosas no valen el precio que se les marca sino lo que alguien esté dispuesto a pagar por ellas. Dicho esto y haciendo acopio del título de este artículo me pregunto: ¿Cuál es el precio de la dignidad?

Para la señora Haminatu Haidar el precio es tan alto que su vida estuvo a punto de convertirse en el mayor de los estipendios que alguien puede llegar a pagar por la suya. Así como el reino alauita intentó especular con su valor cotizándolo a la baja hasta mínimos denigrantes la señora Haminatu cual broker de la bolsa neoyorquina supo hacer de la adversidad su aliado y consiguió revalorizarla hasta valores que van mucho más allá de la pieza más cara del escaparate de Tiffany´s.

Curiosamente, y siguiendo con mis particulares teorías económicas, cuando el producto ofertado por alguien sube de precio de forma sustancial significa que el de otro alguien es depreciado al mismo ritmo. Cuanto más subía el precio de la dignidad de la señora Haminatu mas barato era el del gobierno español y por ende el de España. Menospreciado por Marruecos, España rebajaba el precio de su dignidad hasta mínimos históricos acudiendo a Francia y Estados Unidos para que le solventasen la papeleta en el contencioso Haidar.

Si bien y a priori pudiera considerarse que la causa lo merecía nada más lejos del resultado final para darse cuenta de que el valor de la dignidad del gobierno de España se ha malvendido pues flaco favor le ha hecho al pueblo Saharaui al reconocer de forma explícita que Marruecos es dueño y señor del Sahara Occidental con el reconocimiento de que estos han de someterse a las leyes de nuestros vecinos.

De la señora Haminatu Haidar nos olvidaremos pasado el anís y los polvorones y la dignidad de España la venderemos como se vende el romero en la puerta de La Alhambra, mediante engaño, sabiendo que no vale nada.