jueves, 3 de diciembre de 2009

El cinismo en perpetuo carnaval.

Reconozco que por ser este mi primer artículo de opinión, después del preceptivo saludo, corro el riesgo de ser tildado de catalanofóbico. Pero nada más lejos de mi intención que avivar el fuego provocado por la clase política española afincada en Cataluña así como por personajes de gran poder mediático que en ella cohabitan.
El tan manido estatut se ha convertido en un atuendo que sirve para travestir al cinismo y disfrazarlo de manía persecutoria.

Estoy completamente seguro que la ciudadanía residente en Cataluña tiene mayores y “mejores” problemas en su día a día como para estar pendiente de semejante asunto que solo sirve para enturbiar unas relaciones entre los españoles de Cataluña y los del resto del territorio nacional. No seré yo el que haga un dictamen sobre la constitucionalidad del mismo cuando difícilmente llego a entender si la última multa de aparcamiento que me impusieron es legal o no, cuanto más para hacer de experto en algo que lejos de ser un simple panfleto sobrepasa en muchos casos al entendimiento de más de un catedrático en derecho constitucional.

Pero sobre lo que si puedo opinar es de esta manía de llamar al pan piedras y al vino lejía cuando lo fácil es llamar al pan pan y al vino vino. La lista de despropósitos anti españolistas colma hasta al mismísimo Santo Job y encima pretenden dar la sensación de que se ha conjurado de una forma judeomasónica contra todo aquello que huela a Cataluña cuando la realidad es ciertamente distinta. No importan las convicciones personales de todos estos sujetos, ni su propia cultura que si se trata de llevar la contraria al resto de España pues se cambian de ideales y punto.

Por un lado la singular Pilar Raola erigida en adalid de los derechos de los animales al verse inmersa en una campaña anti taurina y con visas de que se apruebe una ley en Cataluña para prohibirlas. Curiosamente el único animal que le importa es el toro bravo y su sempiterna manía de erradicar las corridas de toros en pos de evitar el mal trato animal pero lo de fastidiar a la burguesía catalana prohibiéndoles las monterías como que no se le pasa por su cabeza y me da que el resto de animales le importan tres pimientos porque el toro de lidia es un símbolo Español y hay que lidiar este símbolo hasta cortarle las dos orejas y el rabo. También pulula por este escenario el actual presidente del F.C. BARCELONA. Que se coge una cogorza del quince y lo pillan, culpa de los medios de información españolistas que le tienen manía por ser ultranacionalista y no por ser la cabeza visible de una entidad como de la que es presidente. El siguiente en el escalafón es E.R.C. con su iniciativa apoyada por la marioneta del ZP para erradicar los crucifijos de los colegios tanto de los públicos como de los concertados. Pero no deja de ser otro ejercicio de cinismo ya que no le duele en prenda relacionarse con los imanes de las mezquitas catalanas para que sirvan de colegios electorales para sus consultas independentistas. Que son detenidos Maciá Alavedra, al alcalde de Santa Coloma y Llúis Prenafeta, todos ellos nacionalistas de pro y enchironados por ser presuntamente corruptos, pues para eso está C.I.U. para beatificarlos y correr un tupido y estúpido velo haciendo bailar a todos los diarios catalanes con una editorial conjunta sobre el estatut para jugar al despiste.

Pero si de alguien no me esperaba esto, si con alguien me he sentido totalmente defraudado es con el charnego, porque así lo denominan en Cataluña y así lo señalan sirviéndose de el hasta que puedan darle una patada en el culo por no ser de pura casta catalana, del Sr. José Montilla, mas que le pesen a los ultranacionalistas de que ha de llamarse Josep Montilla. Sus veladas amenazas advirtiendo que si Cataluña sufre España también sufrirá no dejan de ser ciertas pero no es menos cierto que si sufre Ceuta o Melilla también ha de sufrir el resto de España, para eso somos todos españoles, faltaría más. Solo me queda recordarle al Sr. Montilla que si Cataluña votó mayoritariamente al Estatut también lo hizo de la misma forma a la Constitución que no deja de ser la madre de todas las democracias y ni las normas de mi comunidad de vecinos ni el dichoso Estatut están por encima de nuestra carta magna. Lo dicho el cinismo está disfrazado y establecido en un perpetuo carnaval que no conviene a nadie ni siquiera a los que en un principio puedan creer que se benefician por ello.